Don Casado es un carca; he aquí una obviedad que hace tres décadas le hubiera descalificado para siempre en la dirección no solo de su partido sino de cualquier otro. En aquella época remota, don Fraga, el fundador de la cosa, era un franquista de pura cepa que remaba contra la corriente de su propia biografía y, no sin un meritorio esfuerzo, fungía de demócrata liberal. Cómo es posible que ese gen reaccionario y antaño vergonzante vuelva a aparecer, encantado de sí mismo, reencarnado en un joven que según ha dejado dicho inició su carrera política enfrentándose a los tanques en la plaza de Tiananmen (aunque lo cierto es que se crió en la charca de ranas de doña Esperanza Aguirre). La respuesta es: por la misma razón por la que se ha autorizado la comercialización de la leche cruda. Lo arcaico, lo rural, lo de toda la vida, es cool. La globalización ha cerrado al paso al futuro y las sociedades vuelven a aquello que creen reconocer y que, por fuerza de las circunstancias, consideran deseable. No debe ser casualidad que la comercialización de la leche cruda se haya autorizado en Cataluña, un país anegado por el carlismo redivivo. Leche de masia i paller. Las razones de esta medida son económicas e ilustran con asombrosa claridad el cul-de-sac en el que estamos metidos. Las autoridades esperan que la venta de leche directamente del productor al consumidor sirva para aliviar la asfixia económica de los precios impuestos a los ganaderos por las multinacionales lácteas, a riesgo evidente de multiplicar la probabilidad de enfermedades erradicadas por lo menos desde que don Fraga quería ser liberal.
El padre de Quirón era un campesino a jornal que recorría cada día largas distancias a pie hasta el lugar donde le esperaba el tajo. Llegó a vivir la industrialización, que en esta remota provincia subpirenaica fue muy tardía, y terminó su vida laboral como obrero en una de las incipientes fábricas que se levantaron en los años sesenta del siglo pasado. En justa venganza al maltrato que había recibido del progreso, aquel campesino, cuya vida había sido una lucha interminable por la supervivencia, murió con la convicción de que el hombre no había llegado a la Luna y que lo que emitían por la tele era mentira. Hemos tenido que esperar casi medio siglo para oírselo decir a un niño mimado del sistema, un beneficiario del esfuerzo de innumerables generaciones, un chico de oro que ha tenido a bien alardear de su arrogante ignorancia en ese coliseo de los bocazas (David Trueba dixit) que es tuiter. Y ha tenido que ser un astronauta, que casualmente también es ministro, el que reconviniera al futbolista por su zafia afirmación. La entronización de don Casado al frente del pepé, el cretinismo pregonado de Iker Casillas, la elevación de don Puigdemont a la categoría de pretendiente en el exilio al trono republicano, la leche cruda y las manifestaciones de la patulea franquista en Cuelgamuros son piezas del rompecabezas en el que pasamos los días.