Estas líneas se escriben un par de horas antes de que España y Alemania  se enfrenten en Catar. En la previa, como dicen los futboleros, don Sánchez ya ha marcado un gol y se ha coronado con la presidencia de la internacional socialista, la primera estrella en la camiseta del socialismo español. La internacional es la cancha donde los alemanes ganaban todas las ligas. La socialdemocracia alemana es, como su fútbol, robusto, tenaz y eficiente. De hecho, es la única socialdemocracia reconocible que quedaba en Europa después de las defecciones, titubeos y flaquezas de ingleses, franceses, suecos, italianos y otros, zarandeados por los vientos neoliberales de las últimas cuatro décadas. También el pesoe ha aguantado milagrosamente el desgaste del tiempo, incluido un periodo de hibernación de cuarenta años. El socialismo español lo fundó don Pablo Iglesias sénior en 1879, apenas dieciséis años después que su homólogo alemán, de 1863, y veintitrés antes que el francés, fundado en 1902, lo que puede calificarse de precocidad política, habida cuenta el abismo que separaba España de las industrializadas Alemania y Francia. Un golpe de genio e ingenio en una cancha adversa, como el gol de Iniesta.

La internacional socialista no es una institución muy operativa, tampoco hay que venirse arriba, pero es un referente político con terminales en casi todos los países del mundo. Así que su presidencia es una plataforma diplomática apreciable y algo más que honorífica. Don Sánchez ha apostado por horizontes extraterritoriales y su gobierno está recogiendo los frutos. La apuesta es clásica en el progresismo español, que siempre mira afuera para liberarse de la enredadera doméstica; al contrario que la derecha castiza para la que It’s very dificult todo esto. Esta tarde, don Rajoy comentará el partido del mundial para su parroquia.

Don Sánchez ha hecho un discurso de recepción del cargo en clave previsible del ideario socialdemócrata, aplicado a lo que hace su propio gobierno: internacionalismo, feminismo, ayudas económicas a los de abajo (que ahora identificamos  con un término como de ropero parroquial, los más vulnerables) e impuestos a los ricos, ricos de verdad, etcétera, y de paso ha mandado un mensaje a la derecha celtibérica, convertida en el coyote que ya no sabe cómo cazar al correcaminos.

Bien, dejemos la tarea en este punto y vayamos al solaz del fútbol, al que, después de muchos años en que el mundo me ha dado muchos espectáculos, lo que finalmente aprendí con mayor seguridad sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo a este deporte. Lo dijo Albert Camus en plena guerra de Argelia. Un respeto.