Por lo que cuentan las crónicas, esta mañana se han reunido en Madrid treinta mil personas para protestar contra la realidad. La manifestación estaba convocada por algunas asociaciones civiles, una especie de Tea party celtibérico, y habremos de acostumbrarnos a que el trump style es la nueva marca de las derechas en el mundo, también en nuestro país. Un manifestante blandía una cartela con una consigna típicamente trumpista: las televisiones, radio y prensa mienten. ¿Todas, todo el tiempo? El portador del mensaje bien podría ser un influencer que promocionaba su canal de youtube o de tiktok. El Cojo Manteca de las redes sociales. En el trumpismo hay una suerte de ingrediente libertario, quizás por eso estaba entre los manifestantes don Fernando Savater, un viejo que de joven escribió a favor de la anarquía y ahora advierte que la derecha no es lo bastante dura para acabar con este sindiós. Algo parecido les ocurrió a los de la generación del 98 en su edad tardía, de anarquistas a fachas.

El acto de Cibeles ha estado sobrevolado por un aleteo conspiranoico. Un exorcismo para frenar a un tal don Sánchez, que prepara un ungüento para mutar el orden constitucional. En una pancarta, el mentado don Sánchez, al que, entre otras lindezas, han señalado como dictador y golpista, aparecía photoshopeado como un militar nazi junto a una sombría consigna orwelliana: el buen ciudadano obedece, confía en tu gobierno. El mensaje resultaba paradójico en una manifestación que recuerda los dos minutos de odio prescritos por Big Brother en 1984, la distopía que don Feijóo no consigue ubicar en el tiempo. No ha sido el único rasgo orwelliano de la mañana. Otro lema enigmático, que intentaba acusar a don Sánchez pero que bien podrían hacer realidad los manifestantes, decía: Los regímenes democráticos pueden mutar sin alzamientos militares a populismos colectivistas.

Lo único interesante, que no es poco, de la reunión ha sido observar la titubeante pero inequívoca metamorfosis de nuestra derecha del institucionalismo al trumpismo. Las instituciones democráticas empiezan a resultar estrechas e inconvenientes para los intereses de la derecha, pero esta todavía no encuentra el lenguaje ni la oportunidad para culminar su proyecto, entre otras razones por falta de liderazgo. Quien había de sentirse encumbrado por la convocatoria no ha acudido. Don Feijóo, conspicuo representante de la derechita cobarde, escrutaba la calle tras los visillos de una ventana, asombrado y perplejo, y ha tuiteado su apoyo a los manifestantes con un mensaje, casi un trabalenguas, que describía su propia confusión: Defensa de la democracia y la Constitución con serenidad y argumentos. Lejos del ruido independentista y de las comparaciones gratuitas. En la calle no había ni serenidad ni argumentos, tampoco ruido independentista, y en cuanto a las comparaciones gratuitas, ¿quién sabe qué significa eso? Don Feijóo tiene unos pocos meses de aquí a las elecciones para salir, si quiere o puede, de esta madeja.