Desde 2015, los servicios de ciberpropaganda e intoxicación rusos han llevado a cabo quince mil incursiones en el cerebro de los europeos con el fin de alterar su percepción de la guerra de Ucrania, según relata EUvsDesinfo del Servicio de Acción Exterior de la UE (SEAE), una agencia para la detección del troleo que viene del este cuyo jefe superior es nuestro entusiasta compatriota don Josep Borrell. Denigrar, distorsionar, distraer, desmotivar y dividir es, al parecer, el pentálogo por el que se guían los nuevos espías rusos. La dilatada crónica periodística en la que se da la noticia es, sin embargo, parca en detalles concretos sobre esta masiva a la vez que reptiliana intrusión en nuestra percepción de la realidad y solo da algunos pocos ejemplos, notoriamente decepcionantes. Entre los casos de desinformación identificados, dice la agencia anti-troleo que preside don Borrell, están los mensajes procedentes de fuentes oficiales rusas en los que las fuerzas militares ucranianas son en realidad unidades de paramilitares nazis que cometen atrocidades contra civiles. Si este es todo el material que tienen los rusos para intoxicar nuestros coriáceos cerebros europeos ya pueden pensárselo antes de confiar en su eficacia porque aquí ya hemos publicado el antídoto: el grupo Wagner resucita un método sangriento usado en Stalingrado. Chúpate esa, Putin.
La propaganda rusa tiene ante sí una tarea ciclópea porque debe atravesar el estereotipo anidado en el imaginario occidental de que los espías rusos son feos y tontos. En el cine son representados por actores de cabeza maciza y expresión obtusa, como Oskar Homolka o Peter Bull, y, durante la era putinesca, el caso del disidente Litvinenko envenenado con polonio no ayuda a mejorar la imagen que proyectan estos personajes. Para los occidentales, los únicos espías rusos inteligentes y cautivadores eran ingleses, los cinco de Cambridge. Si Putin quiere hacer eficiente su propaganda tiene que conocer un par de cosas sobre el estado de ánimo europeo.
Los europeos no estamos en guerra con Rusia por patriotismo, ni por defender la democracia ni por solidaridad con Ucrania. Lo que nos ha llevado a esta situación es la herencia de la guerra fría y el brutalismo de la invasión a un estado soberano en nuestras mismas fronteras, que, amén de otras consideraciones, ha causado una atroz crisis humanitaria y desestabilizado el tablero europeo. Los propagandistas rusos deberían saber que más que sus fantasías de nazis y guerras patrias nos inquieta la certeza de que los amigos norteamericanos han dinamitado el gasoducto submarino que aprovisionaba de combustible ruso a Alemania y otros países. Después de este acto de fuerza, la decisión del gobierno alemán y sus leopards no parece tan libre. La noticia de que fueron buzos militares norteamericanos los que aplicaron cargas a los gasoductos nord stream, que luego explosionó a distancia la marina noruega, la da Seymour Hersh, que no es un bot ruso sino un acreditado periodista de investigación, con un premio pulitzer sobre la mesa (*). El sabotaje del gasoducto, que bien podría calificarse de ataque a la soberanía de un país aliado, es una decisión estratégica de Washington con el doble objetivo de acabar con la ostpolitik alemana y en consecuencia con cualquier equilibrio con Rusia desde el centro de Europa y convertir a Alemania en un cliente forzoso del gas norteamericano. Si a estos objetivos sumamos la impotencia diplomática de Francia y la movilización bélica que se registra en los países nórdicos y fronterizos con Rusia a causa del temor espoleado por la invasión de Ucrania, podemos aceptar que Europa es un continente débil y dependiente, como cree el Kremlin, pero que no por eso va a dejar de ser occidental con todas las consecuencias. Entretanto, pueden seguir enviando mensajes de propaganda, que tan distraído tienen a don Borrell.
P.S. En el cine, los buzos militares americanos son Hombres de honor y tienen la cara de Robert de Niro y Cuba Gooding Jr. La historia se desarrolla en el rescate de las bombas atómicas caídas en Palomares y nos recuerda que España es, después de Japón, el segundo país del mundo bombardeado con artefactos nucleares. Es el modo americano de hacer amigos.
(*) El periodista Antonio Maestre cuestiona la veracidad de la información periodística que ofrece Seymour Hersh con argumentos metodológicos muy rigurosos.