Un amigo, barcelonés de adopción y emprenyat con el independentismo, difunde en su cuenta de facebook un artículo de José Antonio Zarzalejos en el que el periodista, quizá la pluma más ilustre e ilustrada de la derecha, carga contra los socios (presupuestarios, en el doble sentido de que se les presupone y lo son para aprobar los presupuestos) de don Sánchez, en especial contra esquerra y bildu, a la vez que ensalza la actitud pactista de doña Arrimadas, como si ambos polos fueran opciones equivalentes para don Sánchez y este estuviera a punto de perder, qué sé yo, la dignidad, la legitimidad, la solvencia, el juicio, el alma incluso, si se mantiene en la primera opción y desdeña o no satisface a la segunda. La trampa es meramente aritmética: el hipotético apoyo de los ciudadanos naranjas no compensaría la pérdida de los apoyos en la otra banda por lo que los presupuestos no se aprobarían y don Sánchez se pegaría un tiro en el pie o quizá más arriba, con el resultado previsible. Esta trampa es el núcleo de la enésima campaña mediática emprendida por la derecha para quebrar al gobierno y hundir a don Sánchez. Si con la covid no pudimos tumbarle, a ver si lo conseguimos con bildu, que también tiene nombre de bicho. A la campaña se han sumado jovialmente algunos barones del pesoe que emergen a la menor oportunidad de un sopor antiguo y de un tiempo ido. Ni se imaginan lo viejos que parecen los lambán, garcía-pages, rodríguez-ibarras et alii.
El muñidor de estos pactos en las tinieblas, o como tal se presenta, es el vicepresidente don Iglesias, al que le encanta el papel de intermediario del diablo que se ha asignado a sí mismo. El líder podemita no es un socio cómodo y el primero en saberlo es don Sánchez, que repitió las elecciones para sacudírselo de encima, con el resultado conocido. Ya saben aquello de que si no puedes con tu enemigo, únete a él. Don Iglesias es un leninista juvenil, buen táctico, resolutivo y oportunista, que ha llegado a la cima al precio de dejar en el camino un proyecto político hecho jirones. En unos próximos comicios va a sudar tinta para armar una organización solvente en todo el territorio nacional, sin contar con que tendrá que competir en comunidades clave con sus ahora socios presupuestarios. La relación Sánchez-Iglesias es simbiótica. El presidente otorga al vicepresidente un protagonismo que este no tendría por propios méritos, y a la inversa Sánchez obtiene de Iglesias respetabilidad en un vasto territorio de la izquierda urbana al que el pesoe no llega por sus propias fuerzas y al que mantiene embridado mientras los podemitas estén en el gobierno.
Pedro Sánchez es el más felipista de los políticos españoles en activo y su objetivo, como el de su ancestro, es ganar la hegemonía política y ocupar el centro del tablero. Lo que no parecen entender los carcamales del partido es que las circunstancias son muy distintas. González obtuvo una arrasadora victoria después de que la derecha de la época se desintegrara tras del golpe de estado del 23F. En esta ocasión, también la derecha se ha fraccionado pero el pesoe no había hecho los deberes y a su izquierda encontró la agitación de los indignados del 15M, así que la ruta para llegar al mismo sitio que en 1982 es forzosamente otra. La portavoz parlamentaria doña Lastra lo ha dicho con deslumbrante claridad: escuchamos a nuestros mayores pero ahora nos toca a nosotros. Los partidos políticos son como las serpientes y tienen que mudar de camisa si quieren sobrevivir y crecer, y ahora estamos ante un nuevo avatar del partido más antiguo de España. Enric Juliana lo recordaba finamente esta mañana.