Exanguinación. Término clínico que este escribidor se atreve a proponer para incluirlo en la próxima edición del diccionario rae con la siguiente definición: estrategia de vampirización que el partido político ciudadanos practica con su hermano mayor, el partido popular, mediante el procedimiento de exigirle la amputación pausada e incesante de sus miembros corrompidos con el objetivo de dejarlo exangüe y heredar su predio. El espectáculo es a la vez fascinante y repulsivo. El joven y bello ángel don Rivera volcado sobre el montón de materia orgánica en descomposición que es el pepé, cubriéndola con sus alas para preservarla del acoso de otros predadores a la vez que se alimenta de sus jugos y criadillas. Al parecer, la materia orgánica ha tenido un adarme de lucidez en su agonía y ha emitido el quejido de que no entregará ninguna otra parte de sí a la voracidad del ángel. Vale decir, que protegerá a doña Cifuentes, recibida en el cónclave que el partido de don Rajoy celebra en Sevilla como una de los nuestros. Good fellow.
El obsceno tribalismo de la sociedad española depara a menudo el espectáculo de grupos numerosos de ciudadanos, políticamente motivados e instigados, que jalean y entronizan a un delincuente. De hecho, puede decirse que todos tenemos a nuestro delincuente favorito, del que no negamos su condición de forajido pero que de alguna manera alivia nuestro malestar social y nos absuelve de nuestra incapacidad congénita para la virtud cívica. En esta parte del golfo de Vizcaya hubo un tiempo que llega hasta ahora mismo en el que los homenajeados eran asesinos convictos. La distancia que separa los delitos de aquellos tipos de las corrupciones de doña Cifuentes es abismal en términos morales y penales, pero la relación que los une con sus seguidores y partidarios es idéntica. Son los nuestros, y ante este hecho se suspende la vigencia de la moral, de la ley y de la decencia. No importan los daños que estos individuos hayan infligido a otros y menos aún importa cuánto nos envilecen a todos. Son los nuestros.
La muerte del padre a manos de sus hijos, en la teoría de Freud, debía ser el hito constitucional de una sociedad libre y fraterna. Aquí no hay modo. Al contrario, el crimen fundacional de la España moderna lo perpetró el padre mismo, Franco, cuyo fantasma vela por todos en su faraónica tumba en el corazón del país y en tiempos de crisis revolotea entre los vivos y condiciona creencias y actitudes. Cuando esta guerra civil atmosférica en la que estamos condenados a vivir se agudiza, los nuestros constituyen el único referente seguro. Hasta la muerte. No en vano somos hijos de militares de la dictadura, como doña Cifuentes.