En ocasiones, un grupo numeroso de ballenas aparece varado en la playa. La interpretación común es que se han suicidado aunque se ignoran las causas; se dice que las ha desorientado algún agente exógeno que incide en su ecosistema rompiendo el equilibrio del océano, pero quién sabe.
Rehenes
Lo que interesa ahora es comprender por qué el llamado populismo brota, no de iniciativas extraparlamentarias, sino del corazón mismo del parlamentarismo. Para superar la desafección de la ciudadanía hacia la política, necesita ser estimulado con continuas convocatorias a las urnas: elecciones, referendos, consultas internas, de las que la clase política quisiera extraer la voluntad popular quintaesenciada, libre de impurezas y contradicciones, prístina como un manantial de montaña, para ser guiada por un caudillo.
Llegan los bárbaros
El parlamento británico echa el cierre. Un primer ministro con cara de piripi y penacho de pájaro loco ha puesto en cuarentena ochocientos años de parlamentarismo para ¿qué? Con toda seguridad, ni siquiera él lo sabe. El tópico al que llamamos ‘bréxit’ es la deriva histórica, diríase que la caída en barrena, de uno de los países más antiguos, solventes y acreditados del planeta.
Nadie lo sabe
Si se celebrara uno de esos referendos al que nos hemos vuelto tan aficionados en el que se preguntase a la parroquia qué prefiere, un gobierno de tal o cual color o una economía que funcione, cuestiones que son indendientes una de la otra, adivinen por qué se inclinaría el buen pueblo. Hay pruebas empíricas de cuál sería la respuesta.
Dinosaurios emplumados
Trump y Boris Johnson, que se han asociado para reventar la sociedad europea construida después de la segunda guerra mundial, son dos rubios de cabellera hiperbólica, de amarillo incendiario, como tiranosaurios emplumados que solo asustan a los habitantes de su propio corral. La apariencia de ambos es entre risible y siniestra, como la del Joker que reina en las sombras de Gotham.