Uno de los rasgos, sin duda el más relevante, del discurso de la neo derecha es su carácter disruptivo. No pretende tener razón ni menos tejer un discurso sobre la lógica y los hechos comprobados, simplemente aspira a escandalizar al oyente, desconcertar al adversario y, si se puede, dinamitar la base consensual en que se apoya la convivencia democrática.
El rey y la vidente
Nunca sabes para qué sirve un rey pero, como diría un comercial de coches de segunda mano, tiene muchas prestaciones. Vale para un roto y para un descosido, dicho en romance. Ahora mismo, el vaivén de los días ha puesto a su majestad como valedor de republicanos. Los levantiscos y desafectos catalanes saldrán de la cárcel por la gracia real.
El botellón de la victoria
Ojo, pues, con la desescalada (¡vaya palabro!) que con suerte será la última, no por sus efectos en la amenaza de la pandemia sino por todo lo contrario. Ya no habrá riesgo y los supervivientes mirarán atrás y pensarán, no ha sido para tanto, y de ahí a sospechar que el gobierno ha utilizado la pandemia para amargarnos la vida hay un paso imperceptible.
Make Idaho great again
El dinero sigue volando por ahí, de un sitio para otro a su arbitrio, pero los seres humanos se han quedado clavados en el suelo, despojados de empleos y rentas y aquejados de estados alucinatorios según los cuales el territorio se mueve, las fronteras se quiebran y los individuos se descubren nuevas identidades hasta ahora desconocidas.
Libertad, ¿para qué?
La dialéctica entre orden y barbarie. En la calle, jóvenes apelotonados y eufóricos, exudando vida por todos los poros, y en las tribunas de opinión, tipos maduros entre titubeantes y enfurruñados, a los que el sistema de videoconferencia les da un aire macilento y fantasmal, aconsejando prudencia y recordando el protocolo.