La probabilidad de que, tras un hipotético naufragio del trasatlántico, usted tenga que compartir un estrecho bote salvavidas con el cuñado al que ha estado intentado eludir durante toda la travesía, es nula. Pero eso es exactamente lo que les ha ocurrido a Pedro y a Pablo. Vía de agua en el ‘pesoe’ y vuelco de la gabarra de ‘unidaspodemos’, y ahí están don Sánchez y don Iglesias mirándose a la cara en la playa a la que han arribado de milagro.
Buddy movie
Bien está lo que bien acaba. El dicho popular, como todos los del refranero, está tiznado del fatalismo de quienes saben que en este país de cabreros, que dijo el poeta, todo cuesta más de lo que debiera. Más dinero, más tiempo, más esfuerzo, más paciencia.
El partido de los viejos
La orquesta mediática está dedicada hoy, inevitablemente, a afinar la melodía que arrojaron ayer las urnas. Bagatelas. El escribidor, que cumplió setenta el día víspera de las elecciones y dedicó la jornada a reflexiones más melancólicas que las que prometían los comicios, tiene una hipótesis que quizá valiera la pena que se contrastase, a saber: las elecciones las han ganado los partidos de los viejos.
Se odian
El odio es una palabra proscrita en este tiempo de mojigatería retórica pero no hay otra manera de decirlo: don Sánchez y don Iglesias se odian. Se odian tanto que el mundo real desaparece tras el ciego impulso de destruir al otro que los embarga a los dos cuando están frente a frente. Por supuesto, el odio es un sentimiento que no puede explicarse.
Los culpables
Un lector de las ocurrencias de este rincón me pide que me moje en discernir qué partido político ha tenido más culpa en el fracaso de la formación de gobierno y en las la consecuente repetición de las elecciones. La culpa es una noción moral que no opera en política; y la responsabilidad, tampoco. En último extremo, la culpa es de la ciudadanía que ha elegido a estos personajes sobre los que no tiene ningún control.