En este momento, los polos de la imaginación occidental respecto a Ucrania están entre el pesimismo de que Rusia pueda utilizar bombas atómicas tácticas y el optimismo de que Putin sea víctima de un golpe de estado urdido en su entorno.
Sueños de los ‘rusos globales’
Muchos rusos, quizá la mayoría, no saben qué pensar, de modo que su reacción instintiva es la adhesión a su gobierno que, por lo demás, emite señales fácilmente reconocibles, aunque sean trolas: genocidio, nazis, la patria está en peligro, etcétera. Bajo las alas de don Putin se sienten seguros.
La conjura de los boyardos
Hay algo de teatral en identificar a los ricachos dueños de la economía rusa como oligarcas. Ignoro si es un término de uso en aquel país y si, de serlo, tiene alguna connotación peyorativa, admirativa o paródica. En castellano suena raro y establece una frontera entre dos ámbitos lingüísticos, como si el oligarca fuera una anomalía rusa.
Guerra y paz
Así que, con un ojo puesto en el ,arraigado pacifismo de sus bases y el otro dirigido a las nuevas exigencias del tablero internacional, don Sánchez ha titubeado veinticuatro horas antes de decidir el envío de armamento a Ucrania.
La guerra ‘visa oro’
Tenemos entre nosotros, pues, a unos tipos que frecuentan hoteles de muchas estrellas, tienen yates despampanantes atracados en el puerto y hacen feliz al gremio de joyeros, pero de los que no sabemos si son amigos o enemigos, como el gato de Schrödinger.