No hay duda de que Alexis Tsipras es un político de pura sangre y sobrevivirá al revolcón sufrido ayer en las urnas. Nació a la política como un líder revolucionario, desafió al poder de la unioneuropea para de inmediato someterse a sus dictados y lo hizo contra el mandato refrendario que él mismo había solicitado, cuando vio en el rostro feroz de los enviados de Bruselas y Berlín la decisión de aniquilarle, a él y al país, y gestionó la derrota con todos los vientos en contra. Un navegante que realiza semejante proeza tiene ejecutoria para largo, así que a don Tsipras le espera una dilatada y seguramente venturosa vida política. Aquí sabemos poco de este líder y de su partido, syriza (anagrama de coalición de izquierda radical). Su imagen nos llega a través del juego de deseos y analogías de podemos, que constituye un espejo engañoso porque la naturaleza y las circunstancias de unos y otros son muy distintas. Hay en el griego una complejidad de carácter que no se advierte en el español. Don Tsipras sufrió desafecciones y deserciones en medio de una batalla de dimensiones épicas mientras que don Iglesias padeció las mismas cuitas mientras cambiaba los pañales a sus hijos recién nacidos.
Pero, en realidad, lo intrigante de la situación es la mansedumbre con que el electorado griego ha volcado su apoyo a la derecha responsable de la fraudulenta crisis con la que tuvo que lidiar Tsipras. Como en el famoso microrrelato, cuando los griegos despertaron del austericidio, el dinosaurio que los había engañado y saqueado seguía ahí, listo para hacerse con el mando que los votantes le han entregado sin dudarlo. Don Kyriakos Mitsotakis, el vencedor, no es un arribista, como don Tsipras, según recuerda finamente el diario de referencia. El linaje del ganador se remonta hasta Eleftherios Venizelos, el fundador de la Grecia moderna, y entre uno y otro miembro de la saga se cuentan primeros ministros, ministros, alcaldes, magnates y empresarios de postín, negocios público/privados y la consabida dosis no mensurable de dinero negro que Poseidon, dios del mar de color vino, sabe dónde está. Don Juncker, inventor de su país como paraíso fiscal y aún presidente de la unioneuropea, se ha apresurado a felicitar al ganador y los mercados han celebrado el resultado de las elecciones con champán. Los syrizianos se consuelan recordando las mejoras introducidas en los servicios públicos (comedores populares, transporte público gratuito para desempleados, reglamentación de los convenios colectivos, etcétera). Después de todo, su lema en las anteriores elecciones de dos mil quince fue: paremos la catástrofe. Se ve que lo han conseguido y apenas el suelo ha dejado de temblar bajo los pies, los griegos han decidido que es la hora de ganar más pasta y dejarse de cojudeces socialistas. Alegría, pues.
Las victorias de la izquierda en el espacio europeo son una aguadilla ocasionada por la dimensión y fuerza del oleaje que se produce en la depresión del ciclo económico. El pueblo sumergido bajo las olas aprieta labios y dientes para que no se le escape el aire y vota a la izquierda, la cual puede llegar a creerse que ha sido votada para hacer la revolución. Nada de eso, lo que han de hacer es pilotar la nave por las aguas embravecidas, ante la incomprensión de su propia tripulación y, apenas el mar vuelve a la calma, los náufragos salen de su postración, respiran hondo, sonríen y retornan a sus cosas y a sus deseos más íntimos. En España hemos asistido a una versión de secano de esta secuencia. La combinación letal de recortes sociales y de corrupción gubernamental ofreció una oportunidad a la izquierda, representada por la victoria de doña Carmena en Madrid. Pero bastó una cierta mejora económica y una readaptación del sistema de partidos para que la misma derecha que fomentó la crisis y la corrupción haya recuperado la plaza y vuelto a las andadas. La victoria de la derecha en Grecia trae un par de enseñanzas útiles para nuestros emergentes. La primera es para don Rivera: Mitsotakis ha hecho concesiones a la extrema derecha para ganar; como resultado, el partido nazi aurora dorada se ha desplomado. Todo indica que el pueblo no quiere fascistas, quiere lo que los fascistas proclaman pero con otro envoltorio. El segundo mensaje es para don Iglesias, a saber, estés o no en el gobierno de don Sánchez, este hará una política de derechas si quiere conservar la vida. Las leyendas griegas son una fuente de sabiduría desde Homero.